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Corazones Femeninos Disidentes

Buscamos pareja en amor conciente con avidez, porque somos piezas sueltas. Las que nos hemos deconstruido y nos quedamos destribalizadas, porque veníamos de familias violentas y opresoras y nos hemos valientemente emancipado.

 

Somos disidentes, no sólo del sistema familiar sino que del colectivo, aunado que por programaciones inconscientes y heridas no sanadas hemos dado una y otra vez con hombres inadecuados que nos espejean las violencias encubiertas y explícitas de nuestras familias pero sobre todo que  inmaduros y en nuestro afán de sobrevivir a veces, nos masculinizamos en la tarea de ser dadoras y proveedoras, porque hay una falta que intentamos cubrir, la del macho del clan, que es una pieza faltante incluso en la psiquis del sistema familiar, convirtiéndonos en mujeres no disponibles para un macho que a cambio de un servicio de crianza para perpetuar la subsistencia y continuación del clan nos daría protección, no por amor, sino que por instinto animal básico con su descendencia, lo cual en estos tiempos ya ni siquiera responde de esa manera pues hay abundancia falta de Padre como se mencionó anteriormente. Queremos entonces, sustituir el cobijo de un clan en dónde encajemos con dinero y seguridad física y económica, sin embargo, este mundo ha sido creado y aún persiste en perpetuar los viejos modelos en donde una mujer de libre pensamiento, autosuficiente, independiente y que se revela absolutamente a más violencia es un peligro  y una aberración, pues provoca un desorden y amenaza con romper el equilibrio que hasta ahora ha alcanzado la sociedad a base de repetición.

Estas mujeres no tenemos una tribu de apoyo al menos que la creemos, entonces, nos quedamos a la deriva y con una constante carga energética de miedo al desamparo, la soledad, la enfermedad y la muerte. Y a pesar de que hemos abierto camino y por lo mismo de ser un movimiento opositor aunque saludable en ocasiones cargamos con el castigo de la exclusión sobre todo las que no pudimos, perdimos o no quisimos tener hijos en circunstancias de violencia machista o falta de consistencia parental por parte de nuestros varones, porque no queríamos repetir viejas historias de sufrimiento de las ancestras. Nuestro nuevo Arquetipo no existe en la historia del inconsciente colectivo. Compartir con un hombre conciente, deconstruido, individuado y despatriarcalizado como nosotras parece tarea titánica o un sueño romántico y a veces estúpido. Hemos caminado tanto y luchado más por sobrevivir y amontonado tanta resiliencia que de pronto nos encontramos ante un camino silvestre que no ha sido recorrido, en donde todo es nuevo y hay que darle forma, pues no encajamos en ningún molde de antaño y en donde lo más parecido o similar a nuestra situación sería el de la solterona, la viuda, la prostituta, la dejada etc, que, por supuesto son adjetivos que nos cosifican o nos hacen existir a través del otro, es decir del hombre en referencia, a Él desde donde en antaño se le daba existencia al a fémina.  Me refiero a que no existen nuevos Arquetipos, que nosotras los estamos construyendo y el precio es alto. Si somos “diferentes” seguramente nos vivimos vilipendiadas energéticamente por nuestras familias de origen y familias políticas. Las tribus no reconocen esas “nuevas formas” de estar y SER en el mundo en una mujer y de forma pasiva o en ocasiones muy activa presionan hasta la tortura a estas mujeres a regresar al molde original que se viene perpetuando tras generaciones convirtiéndonos en las enemigas del orden y la supervivencia.

Es todo un acto heroico no sucumbir y sanar a profundidad las heridas ancestrales y resistir. Si miramos al futuro, entonces, tal vez la luz que arroja todo este trabajo, es que las nuevas, las de las siguientes generaciones hagan vibrar su corazón de amor y libertad y de relaciones elevadas y con un sentido superior. Nuestro regalo es el de habernos rebelado en una lucha interna, en dónde la emancipación es el trabajo del Espíritu  y la reconexión a la dignidad, el amor propio y la defensa de nuestra propia alegría interna a toda costa.

Claudia Martínez Jasso.

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